Pocas veces se ha visto una integración semejante como la del perro lazarillo con su amo, pues se convierte en una extensión de este último, siendo sus ojos y su conexión más certera para conducirse en el mundo exterior. El perro lazarillo le devuelve autonomía a la persona invidente reintegrándola a la vida.

Durante el adiestramiento se les enseña a guiar evitando obstáculos. Al principio los obstáculos son muy sencillos, posteriormente se traducen en auténticos laberintos, compuestos por automóviles, postes, banquetas, bardas, etc. Cuando el animal logra sortear esos obstáculos sin dificultad, el instructor lo lleva entornos reales, primero al campo y luego al tránsito urbano.

Un perro lazarillo es una de las especialidades más complejas de lograr. Deben ser perros capaces de seguir su propio criterio ante las situaciones adversas, debe mantenerse alerta y concentrado por horas, soportando calor, tumultos, ruidos, distracciones y muchas cosas más, pues un error en el perro puede ser catastrófico.
 
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